Yoga y cáncer de mama.

En el último año se han publicado los resultados de unas cuantas investigaciones científicas sobre el yoga como herramienta terapéutica para pacientes de cáncer de mamá.

Las conclusiones son:
1. “El yoga mejora el estrés, la depresión y el cansancio en pacientes de cáncer de mamá que están recibiendo radioterápia.” (Dr. L Cohen, PhD et al. M.D. Anderson Cancer Center, J.Clin.Onc 2014/03/03)

2. “El yoga disminuye el cansancio y la inflamación en sobrevivientes de cáncer de mamá.” (J.Keicolt-Glaser et al. Ohio State University Comprehensive Cancer Center, J.Clin.Onc, 2014/01)

3. “Una comparación entre yoga/Mindfulness recuperación de cáncer y psicoterapia” (L.E. Carlson et al, University of Calgary, J.Clin.Onc, 2013/09)

Silhouette of healthy woman is practicing yoga at mountain lake during sunset.

Es interesante para nosotros entender porqué ejercicios de estiramientos o psicoterapia no producen los mismos beneficios que el yoga. ¿Por qué será? El yoga trabaja en tres niveles: el cuerpo, la respiración y la mente. Quizá la razón sea esa.

El carcinoma de mama es la forma más común del cáncer hoy en día en la mujer occidental. Sin embargo, las tasas de supervivencia están aumentando. Más del 82% de las afectadas viven más allá de los cinco años tras su primer diagnóstico. Entonces ¿cómo podemos ayudar con el yoga a estas mujeres? Las supervivientes de cáncer de mamá habitualmente presentan dificultades de movilidad en el cuello, tronco
y brazo del lado afectado. Tanto la cirugía, como la radioterapia y la reconstrucción afectan a los músculos, los tejidos conjuntivos y la piel. La radioterapia deja cicatrices profundas y en el caso de que haya habido quemaduras, la fibrosidad se puede extender hasta las capas más profundas, causando picores , dolores y limitando el movimiento.

Las cicatrices quirúrgicas frecuentemente se endurecen con el tiempo, afectando a la movilidad y pueden debilitar la musculatura. El yoga terapéutico propicia la rehabilitación de los tejidos, siempre que tengamos en cuenta ciertas pautas.

El yoga terapéutico para cáncer de mamá evita el uso de las posturas que se centran en equilibrios sobre las manos. Tampoco el perro cabeza abajo (adho mukha svanâsana) es muy aconsejable.

Evitamos también vincular en serie posturas en las cuales los brazos están elevados por encima del hombro. Modificamos la posición de los brazos, colocándolos en forma de la “T”, o bien juntando las manos o apoyándolos sobre las caderas.

En el yoga, la respiración está vinculada con el movimiento. La respiración larga y profunda influye en el ritmo cardíaco, favoreciendo la oxigenación de la sangre. Nos ayuda mucho la respiración a movilizar la caja torácica, los músculos intercostales y el maguito rotador de los hombros, mejorando la elasticidad de zonas fibrosas o mal cicatrizadas.

La mente se encuentra frecuentemente sobrecargada con dudas, miedos y ansiedad generalizada. No nos engañemos: la letargía física va acompañada por la aceleración mental. Será frustrante para las personas de ese perfil abordar la meditación desde el principio.

Hay que permitir que el yoga desarrolle su función. Calmamos la mente a través del cuerpo. Las clases de yoga tienen mayor beneficio terapéutico cuando el trabajo intenso de la fase de calentamiento está seguido por una relajación guiada o un trabajo respiratorio con movimientos simples de los
brazos. Abrimos un espacio para que cada alumna pueda practicar la relajación profunda.

Side view of serene woman sitting on sandy beach against blue sky outdoors

Resumiendo el yoga aborda la sanación desde tres puntos: cuerpo, respiración y mente.

La utilidad del yoga está comprobado como una herramienta importante para conseguir bienestar en el proceso de cancér de mamá. Siguiendo ciertas pautas,podemos construir secuencias y clases que sanan y heridas locales, apoyan el cuerpo en general y tranquilizan la mente. Namaste.

Retorno a la vida laboral después de un cáncer de mama.

La vida laboral de las personas afectadas con cáncer de mama conlleva una serie de cambios desde el momento del diagnóstico y, especialmente, en la fase de los tratamientos.

 Es frecuente que, al menos durante los primeros 6 meses, la persona permanezca de baja laboral. En ciertos casos, este tiempo puede ser insuficiente para recuperarse ya que la mujer desea volver a encontrarse con toda su fuerza y ánimo para volver a la vida cotidiana.

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Posteriormente, la mayoría de las mujeres se reincorpora con normalidad a su trabajo habitual. En algunos casos, si el trabajo requiere un esfuerzo físico continuo de carga, o si involucra tareas manuales repetitivas, dichas actividades físicas suelen ser incompatibles con el grado de funcionalidad postquirúrgica o con las recomendaciones de prevención del linfedema. En estos casos, es importante que la empresa intente la reubicación a un puesto de trabajo más apropiado a la nueva condición. También es fundamental para la reinserción laboral de la mujer afectada, el apoyo de los compañeros de trabajo, no sólo durante el período de baja sino también una vez que la persona reanuda sus tareas. La falta de comprensión de la nueva condición física y/o psicológica por parte del entorno laboral afecta la calidad de vida de las mujeres que han padecido cáncer de mama, ya que pueden sentirse cuestionadas, excluidas o discriminadas. 

Estas situaciones desalientan el retorno al trabajo y la continuidad de una vida normalizada.

En otros casos, una vez finalizados los tratamientos, las personas se replantean su estilo de vida y las actividades laborales y buscan adecuar su trabajo a actividades más afines con sus intereses personales o que les brinden una mayor satisfacción. Otras mujeres procuran llevar una vida más tranquila o dedicarle más tiempo a su familia, con lo que sus opciones laborales también pueden verse modificadas.

PILAR JIMÉNEZ ESTÉVEZ

Trabajadora Social de ANÉMONA

Voluntariado testimonial en hospital.

ANÉMONA desarrolla labores de voluntariado a las pacientes operadas de cáncer de mama en el Hospital comarcal Marina Baixa, gracias al convenio suscrito por la Consellería de Sanidad y ANÉMONA en el año 2010.

Nuestro Voluntariado en el Hospital es testimonial. Realizamos visitas semanales a la planta de ginecología y al Hospital de Día. El objetivo es acompañar y apoyar a la mujer recién intervenida o diagnosticada de cáncer de mama, informarla sobre todo en cuanto a los primeros momentos de su enfermedad y de los recursos de que dispone, darle un poco de aliento, entregarle la primera prótesis, etc…

Se contacta previamente con la jefa de enfermería o con la persona responsable en ese momento para atender a aquellas mujeres que lo han solicitado, o a las mujeres que el equipo sanitario considera oportuno.

Las personas que deseen ser voluntarias recibirán una formación específica para poder realizar su labor, así como un seguimiento durante el periodo que este colaborando con ANÉMONA. Las profesionales de la asociación son las encargadas de realizar dicha formación continuada del voluntariado junto con otros profesionales colaboradores, como pueden ser oncólogos, radiólogos, etc.